Decreto de determinación

Las sugerencias de la vida se presentan a veces en forma de señal discreta, otras veces, la señal es tan evidente que pasa de ser una sugerencia a ser un impulso suave, un leve empujoncito energético que nos impele en una determinada dirección. En otras ocasiones, cuando nuestra tozudez y resistencia se quieren imponer, el flujo de la vida que no se atora sólo puede fluir a trompicones a través de nosotr@s. Y si todavía insistimos en nuestra resistencia, el trompicón se convierte en incidente, problema o accidente más o menos grave. Podemos incluso llegar a propiciar la muerte, lo hacemos muchas veces…

Pido a la Diosa que me encarna atención y discernimiento para captar las señales e interpretarlas. Le pido máxima claridad, fluidez y determinación para actuar en consecuencia. Me quiero encarnar en la armonía, ser la voz de la audacia y los miembros de la acción justa. Deseo ser la paz, la mansedumbre y la benignidad para el mundo. Quiero investir la túnica de la alegría y mantenerme fiel al Designio de mi Divinidad. Amén.

 

 

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  1. Séptimo Modo Con frecuencia durante la oración se le veía dirigido por completo hacia el cielo como flecha tensa en un arco. Oraba con las manos levantadas sobre su cabeza, bien unidas bien abiertas, como si fuese a recibir algo del cielo; se cree que entonces se le aumentaba la gracia, tal era su arrobamiento. Era arrebatado e impetraba de Dios los dones del Espíritu Santo para la Orden que habla fundado, y aquella suavidad dichosa que se encuentra en las bienaventuranzas. Pedía para si y para sus frailes mantenerse devotos y alegres en la más estricta pobreza, en el amargor del llanto, en las grandes persecuciones, en el hambre y sed extrema de justicia, en el ansia de misericordia; pedía también que los devotos consiguiesen suma delicia en las observancias de los preceptos y en el cumplimiento de los consejos evangélicos. El Santo Padre Domingo parecía entonces como arrebatado por el espíritu al lugar santo entre los santos, es decir, al tercer cielo. Después de esta oración, era semejante a un profeta en el reprender, en el gobernar, en el predicar. En este modo de orar no duraba mucho, el santo volvía en si, como si viniese de muy lejos con la expresión y comportamiento de un peregrino. Algunas veces oraba con claridad, los frailes le oían pronunciar algunas veces las palabras del profeta: “Escucha mi voz suplicante cuando te pido auxilio, cuando alzo las manos hacia tu santuario” (Sal 27, 2). Y con palabras y con su santo ejemplo enseñaba a los religiosos a rezar continuamente recordando el salmo: “Ahora bendecid al Señor los siervos del Señor”y también: “Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo por las noches, levantad vuestras manos hacia el santuario” (Sal 133, 1-2). Y también: “Y el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde” (Sal 140, 1-2). Para comprender mejor lo que se ha dicho observen la figura.

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