FRAGMENTOS DE UN LIBRO DE SUNDARI

ETERNO PROPÓSITO SIEMPRE RENOVADO

CUADERNO DE AUTOREALIZACIÓN

-POR LA SENDA DEL REENCUENTRO-

(Fragmentos)

 

PRÓLOGO

Este inspirado y placentero esfuerzo está dedicado a la apertura consciente y espiritual de mi propio corazón, con la certeza de que éste es el único camino, la única práctica que me puede liberar una y otra vez de la presión de los venenos del mundo, para que su presión se transforme una y otra vez en el impulso ascendente que nos traerá el triunfo del logro. Cada nota particular es diferente de las otras, sin embargo nos alimenta y sostiene un objetivo común, aunque éste no sea siempre consciente. Quienes adquieren la consciencia de su trabajo, deben brindar a su prójimo el fruto del mismo, porque el fruto se marchita sobre la mesa si no se comparte. Éste es el verdadero sentido de nuestro sendero.

La epopeya de toda mi vida ha sido la reconquista de mi autoestima y este objetivo ha transcurrido para mí por la línea del esfuerzo de investigar y conocer hasta lo más profundo los misterios de mi yo humano, con la certeza de que ello había de brindarme una formación profunda de la psicología del alma que finalmente pudiera posibilitarme el reencuentro con mi familia de luz y rescatarme de un sentimiento crónico y profundo de soledad. Mi batalla no ha sido una batalla aislada. La humanidad en su conjunto está en crisis o en lucha profunda, aunque cada un@ perciba el trance desde su ángulo particular. La “batalla” que se está librando en el mundo es una experiencia sin precedentes, no sólo aquí, sino -se dice- que en todo el Universo. La energía del mundo material y tridimensional en el que hemos vivido está colapsando. Aun la mínima sensibilidad humana siente los efectos de lo que está aconteciendo a la humanidad y al planeta, indistintamente de si el ser es capaz o no de comprender su trascendencia. Pero lo cierto es que no está resultando fácil para la gran mayoría. Frente a nuestra confusión necesitamos orientación, frente al temor que nos suscita tanto cambio sumado a la dificultad de mirar de cara la depravación del mundo sin sucumbir a ello, necesitamos protección. Pero la protección no consiste en la huida. La protección sólo se puede adquirir desde la consciencia de nuestra condición, encomendando nuestra vulnerabilidad a nuestra Divina Presencia y a las Jerarquías de Luz. Se requiere fe, confianza, firmeza. Pero el logro está logrado ya en la certeza del Corazón Misericorde, capaz de realizar la más profunda aceptación de cuánto está sucediendo. La aceptación -que es para la experiencia humana la más relevante de las virtudes del Amor- abre las puertas de nuestra comprensión. Es en este contexto y con esta predisposición, que yo recibo las Enseñanzas, comparto mis interpretaciones y hago la traducción del sentido espiritual de la vida a mi propia experiencia terrena. Sin este sentido superior no hubiera podido llegar hasta aquí.

Se están desestructurando muchas cosas de nuestras vidas. Es éste un trance imprescindible y previo a cualquier reestructuración. A much@s de nosotr@s ya no nos sirven las viejas estructuras, han quedado obsoletas. Nuestras vidas necesitan cambiar de rumbo. El sistema de cosas que hemos conocido ya no nos inspira más seguridad. Se ha desvelado para nosotr@s la verdad de muchas cosas. Much@s de nosotr@s hemos hecho la elección consciente de no participar más de la mentira, nos lleve a dónde nos lleve nuestra decisión. Esto suscita o puede suscitar temor, porque nos deja aparentemente en tierra de nadie. En consecuencia, ahora es cuando se revela esencialmente imprescindible la transmisión solidaria de ciertas verdades que nos rescatan de la duda y nos inspiran seguridad. El fin del viejo paradigma es el fin de un sistema basado en el temor y la extorsión, y es también la desintegración de los velos que separan nuestra consciencia de otras realidades y dimensiones de ser superiores a la nuestra. Podemos elegir interpretar este cambio como la verdadera liberación que es y en consecuencia lo podemos celebrar. He aquí nuevamente el fruto de mi trabajo, realizado con amor y devoción, entregado con amor y deseo de servicio.

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INTRODUCCIÓN

¿Quién Soy? ¿De dónde vengo y a dónde voy? Para quien no lo haya hecho todavía, necesitamos empezar a formularnos seriamente la primera pregunta y a sostenerla en nuestra consciencia como la más valiosa información que cada un@ de nosotr@s podamos llegar a obtener. Pero ¿qué significa esto a nivel práctico? Para nada nos estamos refiriendo a un mero cuestionamiento filosófico, sino que nos referimos a la necesidad urgente e ineludible de llevar la consciencia a nuestra propia expresión de vida y a nuestro propio comportamiento, como única vía de transformación, cómo la única vía de verdadero conocimiento y empoderamiento. El ser ha sido y aún es un gran desconocido para sí mismo y mientras permanezca en este estado de desconocimiento seguirá sustentando la vigencia -que ya debería haber quedado obsoleta- del postulado que Thomas Hobbes hiciera hace cinco siglos: “El hombre es un lobo para el hombre”. Pero estamos aquí, hablando sobre la consciencia, precisamente porque la completa decadencia de nuestro sistema social nos indica que algo está por cambiar, o sería más apropiado decir que algo está cambiando, pues eso es precisamente lo que evidencia cualquier proceso de crisis. La cuestión es ¿qué hacemos cada un@ de nosotr@s frente a este proceso de cambio que nos concierne a tod@s? Esta es otra pregunta crucial y que va íntimamente ligada a la primera pregunta planteada. A nivel individual, podemos decidir protagonizar el cambio o por el contrario podemos permitir que se nos siga arrastrando a la decadencia y a la completa destrucción. En el primero de los casos, que es el que verdaderamente nos concierne, nos comprometemos de una forma natural con la primera y más importante de las preguntas planteadas ¿Quién Soy? La respuesta a esta pregunta profunda sólo se puede elaborar pacientemente como el fruto de un largo y sostenido ejercicio de consciencia.

En cuanto a la segunda de las preguntas “¿De dónde vengo y a dónde voy?” antes de poder responderla con la precisión de lo concreto, necesitamos aceptar y comprender una respuesta más general y abstracta que nos servirá de verdadera guía, la respuesta es: venimos de Dios y vamos a Dios. Somos Divinos, perdimos la consciencia de nuestra Divinidad y ahora estamos en proceso de recuperarla.

Con el título poético de este tratado: “Eterno Propósito Siempre Renovado” podríamos hacer alusión a todos y cada uno de los múltiples aspectos que posibilitan la obra del ser, que es su propia vida; esa composición personal y única, que a su vez halla su sentido y razón en la participación de Un Todo que Existe y se nutre a merced de cada una de esas aportaciones. Nos hemos introducido, queriendo o sin querer, en el fascinante laberinto que nos conduce al descubrimiento del yo, que en nuestra condición de consciencia es humano, pero también Divino. En la escala evolutiva de la expansión de la consciencia del alma, cada estadio conquistado encuentra sus fundamentos en un estadio anterior de su naturaleza, a la vez que cada reino conquistado custodia el germen de un potencial mayor -así ad infinitum- que se despliega en grados expansivos, cada vez mayores, de consciencia. El yo humano está siendo llamado a trascender para que se puedan desplegar las manifestaciones del Yo Divino de forma consciente. Eso nos está sucediendo ahora a los seres humanos. No se puede desoír esa llamada, que se está volviendo desesperada para aquell@s que pretenden desoírla.

Por el simple hecho de haber llegado hasta aquí, nuestra guía nos arroja irremediablemente una serie de preguntas. Mas sólo estás en la entrada del laberinto, si crees que no quieres penetrar en él, puedes dar media vuelta y dejar el laberinto atrás. Todo tiene sus riesgos, penetrar en el laberinto tiene sus riesgos, salir del laberinto también tiene sus riesgos; hablaremos de eso más adelante, no ahora, pues no te quiero condicionar, quiero que tomes tu decisión libremente. Allá van las preguntas:

¿Cuál es el Propósito de la Vida? ¿Soy yo partícipe del Propósito de la Vida? ¿Cuál es el propósito de mi vida? ¿Cómo me encamino yo a cumplir con mi propósito?

¿Cuál es el Propósito de la Vida?

Esta pregunta tan general, que tiene un carácter eminentemente metafísico, puede responderse de manera sencilla con pocas palabras: El propósito de la Vida es la Expansión de la Conciencia. La Divinidad se conoce a Sí Misma a través de sus Creaciones (como arriba es abajo). La Consciencia de la Divinidad Creadora está en todo, en todas las cosas creadas, en todo lo manifiesto y en todo lo inmanifiesto. Si todas las Creaciones, manifestaciones o potencialidades de la Divinidad Creadora no estuvieran imbuidas de Su Consciencia, la Divinidad no se podría experimentar a Sí Misma ni se podría expandir. No existiría creación ni existirían posibilidades. Eso mismo -ahí radica razón de más trascendencia de este tratado- es aplicable al ser humano: somos l@s creadores de nuestra realidad. La Expansión de la Consciencia es el propósito último de la Vida, también el Propósito primero. Ese Propósito implica la existencia de un Arquetipo de Perfección que lo sostiene, y que impulsa a la Vida a Equilibrarse y Armonizarse constantemente.

¿Soy yo partícipe del Propósito de la Vida?

Puesto que somos nosotr@s mism@s, por voluntad propia, quienes nos hemos metido en esto (como arriba es abajo), nos resultaría muy difícil eludir la pregunta siguiente: ¿Soy yo partícipe del Propósito de la Vida? Buena pregunta, os diré; excelente pregunta.

Sí. Esa es la tajante respuesta que yo os doy: Sí, eres partícipe del Sentido de la Vida; es más, ineludiblemente eres la Creadora o Creador de tu vida y circunstancias. ¿Sentís vosotr@s lo mismo? ¿os sentís partícipes del Propósito de la Vida? Si os paráis unos instantes a escuchar dentro de vuestro corazón, no os resultará difícil responder. Pero no necesariamente tod@s responderéis Sí. Puede que algun@s de vosotr@s respondáis no, puede que otr@s respondáis: “unas veces sí que me siento partícipe y otras veces no”. Puede pasar también que en el fondo de vuestra certeza sepáis que Sí sois partícipes de Propósito de la Vida, pero eso no implica necesariamente que siempre lo sintáis así; ese sería otro posible nivel de respuesta, se trata de ser veraz. Podemos añadir una observación sencilla a estas cuestiones planteadas aquí: por lo general, cuando fluimos, cuando las cosas nos van bien, nos sentimos partícipes del Sentido o Propósito de la Vida, cuando no fluimos y las cosas nos van mal, nos sentimos más bien perdid@s y marginad@s, el sentido de la vida se desdibuja para nosotr@s ¿no es así? Pero podemos añadir algo verdaderamente importante: Cuando en ciertos momentos de reflexión profunda o comunicación íntima, hemos podido reconocer que somos partícipes del propósito de la Vida, entonces, indistintamente de que en momentos de dificultad se nos nuble la vista y perdamos ese sentimiento temporalmente, la semilla de nuestra Verdadera Identidad sigue germinando en nuestro interior, y su crecimiento toma fuerza con cada dificultad superada. Se trata de saber que esto es así, porque este conocimiento lleva nuestra disposición a un nivel más profundo de certeza y acelera nuestro proceso.

No obstante, es necesario matizar una cosa importante: cuando somos capaces de sostener firmemente en nuestro corazón -a pesar de las contingencias y dificultades que se nos puedan presentar- que somos partícipes del sentido de la vida, aun si desconocemos nuestro propósito personal o vocación, éste se nos va revelando gradualmente, y la vida nos encamina hacia él. Sentirse partícipe del sentido de la vida sosteniendo ese sentimiento sobreponiéndolo a todas las dificultades que puedan surgir, es lo que yo llamaría tener fe.

Hasta aquí nos hemos planteado cuestiones de carácter más bien general. Pero ya que nos hemos metido en este embrollo, difícilmente vamos a poder eludir la pregunta siguiente:

¿Cuál es el propósito de mi vida?

Vaya, ahora sí que ya nos hemos metido en el laberinto de pleno, ahora sí que si queremos peces, nos vamos a tener que mojar los pies y quizás algo más…

Es muy posible que seáis una minoría quienes podáis responder con claridad y firmeza a esta pregunta de carácter más personal. Por lo general, cuando tenemos clara la respuesta a esta pregunta, respondemos afirmativamente de forma automática a la pregunta anterior; es decir, sentir y conocer el propósito de nuestra vida personal, proporciona el sentido de la participación de un Orden mayor.

A modo de ejemplo yo voy a facilitar mi propia respuesta personal, que en términos generales coincidirá con la vuestra, pero en términos particulares es única, porque es la mía y describe la llamada del mi alma, mi vocación:

Mi propósito de vida es crear una realidad armonizada para atender el llamado profundo de mi alma que se expresa en un deseo de servir al Propósito del Plan de la Divinidad para esta humanidad de la que participo. Mi propósito de vida es cumplir con el Propósito Divino o el Propósito de la Vida y para ello sigo la llamada de mi alma que se expresa a través de mi corazón. Mi propósito de vida es poner aquello que Yo Soy y aquello que sé al servicio de mi propia liberación y al servicio de mi prójimo. Ésta es mi llamada profunda, que en mi caso particular se expresa en la pasión de transmitir las enseñanzas del Agni Yoga, pero sobre todo, sobre todo, en la recóndita necesidad de ser coherente, veraz, respetuosa e íntegra, porque esa es la única forma en que podemos llegar a transmitir nuestra verdad. El propósito de mi vida es gratificar la vida con lo mejor de mí misma. Por eso mi llamada vocacional y mi vida toda son la misma cosa. Para cumplir con el propósito de mi vida, no necesito adherirme a ninguna religión constituida, porque yo entiendo la religión como una experiencia individual. La experiencia de volver a ligar  los cabos sueltos de nuestra conexión es individual (religión / religare).

El propósito de servir al Propósito de la Divinidad, empieza por la necesidad de despejar el camino dentro de un@ mism@. Comprendí esto en profundidad y me encaminé a ello. Éste es un trabajo que lleva su tiempo. Es el trabajo de la limpieza profunda, ésta es, a efectos prácticos, la traducción de esa recóndita necesidad de ser coherente, veraz, respetuosa e íntegra a la que aludo un poco más arriba. El propósito humano prioritario aquí y ahora es el de dignificar la vida. Para dignificar la vida sólo podemos empezar por la nuestra propia, de otra forma no sería efectivo ni coherente aspirar a dignificar la vida de l@s demás.

Esto nos conduce a la última de las preguntas planteadas aquí:

¿Cómo me encamino yo a cumplir con mi propósito?

Ahora sí que ya entramos en materia, de pleno. Esta respuesta se merece calma, se merece lentitud:

En nuestro fuero interno sabremos si estamos cumpliendo plenamente con nuestro propósito de forma consciente o no. Si estamos próxim@s a ello o más bien alejad@s de ello. Para cumplir con mi propio propósito en plenitud se requiere que las creaciones de mi ser sean plenamente conscientes y armonizadas. ¿Qué implica esta afirmación? Para llegar a crear de forma consciente y armonizada, necesitaremos hacer un paciente y persistente trabajo de observación atenta y constante revisión de un@ mism@; esto puede resultarnos más largo, o más corto, dependiendo ello del grado de nuestra consciencia. Este propósito es el pilar de la acción del Agni Yoga para nuestra condición humana, veremos porqué:

Por el mero hecho de proponernos hacer este trabajo de observación atenta, nos estamos referenciando en el corazón, nos estamos remitiendo al corazón. Esto es así por la siguiente razón: Si no nos liberamos primero del sentimiento de culpa, no nos podremos observar de forma constructiva, puesto que cualquier descubrimiento de error o distorsión nos suscitará culpabilidad y ello no contribuirá a despejar nuestro camino, sino todo lo contrario. Es en el corazón donde tenemos nuestro remanso de paz, es el corazón el ámbito del Amor, Amor es aceptación. La aceptación no juzga ni condena, desde la aceptación podemos observar atentamente sin temor a lo que vamos a encontrar, porque vemos las cosas, pero no nos identificamos con ellas. El opuesto del amor es el miedo y por lo tanto el antídoto del miedo es el Amor. Cuando observamos atentamente, sin identificarnos con lo que vemos, estamos practicando presencia. Practicar presencia es estar conscientes en el aquí y el ahora, la presencia es una acción que sólo puede realizarse desde el corazón, Presencia es comunicación con el Ser Divino. Al practicar el acto de la observación atenta, nos  estamos posicionando en un estrato elevado de nuestro ser desde el que podemos observar nuestros pensamientos, sentimientos y actos sin identificarnos con ellos. Hay una sutil pero poderosa diferencia entre descubrir un pensamiento distorsionado y observar pacientemente el sentimiento de culpa que éste suscita sin identificarnos ni con el pensamiento ni con el sentimiento suscitado, o descubrir ese pensamiento distorsionado y dejarse llevar por el sentimiento de culpa suscitado. En este segundo caso no estamos observando desde la presencia, nuestro sentimiento nos arrastra al pasado, a un pasado más o menos remoto en el que algo nuestro se quedó sin resolver.

Después de haber señalado aquello que se requiere para que nuestras creaciones sean conscientes y armonizadas, volvemos a la pregunta en cuestión. ¿Cuál es el propósito de mi vida? Yo creo que habría una respuesta general para la mayoría de los casos individuales, la cual está directamente relacionada con el propósito de llegar a crear de forma consciente y armonizada. Esto se refiere sencillamente al propósito de la integridad personal. Pero quizá algun@s de nosotr@s podamos perfilar más, afinar más cuál es el propósito, misión o función que sentimos y queremos desempeñar en nuestra vida. A esto se refiere la llamada del alma, eso que se llama vocación. El significado etimológico de la palabra vocación es “llamada” (vocación / vocatio / verbo latino vocare: llamar). Nuestra vocación nos es revelada mediante la comunicación íntima con nuestra Divinidad interior. Algunas personas la tendrán muy clara, otras no habrán escuchado esa llamada lo suficiente o con la suficiente atención, esto sucede cuando la mente racional ahoga nuestra intuición con sus discursos de conveniencia. Pero también puede darse el caso de que la persona no haya descubierto aún su vocación. Descubrir la propia vocación y reconocerla de forma consciente, nos proporciona una mayor comprensión del sentido de nuestra vida, así como de las cosas que conforman nuestras circunstancias y el mundo en el que vivimos. Responder a nuestra vocación ilumina nuestra vida y nuestras circunstancias personales, nos otorga claridad, lucidez y nos proporciona seguridad para actuar. Cuando hay consciencia de la propia vocación estamos en contacto con la Divinidad interior, porque la vocación sólo puede revelarse desde la Presencia. Atender la propia vocación equivale a establecer un contacto más consciente y más intimo con nuestra Divinidad Interior. En este acto estamos permitiendo que la Divinidad nos defina, matice la propia personalidad humana con nuestros dones divinos, para que ésta (la personalidad) pueda secundar la Voluntad Divina. Responder a nuestra vocación es el acto maravilloso de ensalzar nuestra naturaleza divina por encima de la personalidad humana, es el maravilloso y gratificante acto responsable de colaborar con la Divinidad Suprema o Espíritu Supremo. Es asumir totalmente nuestra propia responsabilidad para con la Vida. Cuando esto sucede, la Divinidad también responde secundando la libertad y la autodeterminación del ser individual, allanando nuestro camino, facilitando nuestro proceso; de esta forma Dios nos responde, y nuestra vida va adquiriendo gradualmente mayor sentido y propósito, en un significativo sentimiento de ser, estar y pertenecer.

La Divinidad nos habla de forma interna mediante nuestras propias inclinaciones y aptitudes, y nos confronta a nuestra responsabilidad de forma elocuente mediante las circunstancias, acontecimientos y sucesos de nuestra vida, así como a través de las respuestas que obtenemos de nuestras relaciones. Las cosas que nos suceden son signos, señales indicativas; cuando las cosas que nos suceden son buenas para tod@s, ello nos indica que estamos en la línea de responder de forma coherente a la llamada del momento. Cuando las cosas que nos suceden nos parecen malas o destructivas, seguramente se nos estará indicando que no estamos en el camino correcto. Este tipo de respuestas que la vida ofrece a nuestras creaciones son los mensajes mediante los cuales la Divinidad manifiesta lo que espera de nosotr@s. Pero es importantísimo comprender que esta Divinidad no nos es algo ajeno, sino todo lo contrario. Es lo más propio, íntimo y elevado que tenemos, es la parte más elevada y excelsa de nuestro ser, es la Guía Interna que nos encamina hacia lo propio, hacia aquello que nos pertenece y que posibilita nuestra Realización.

Quizás una de las mayores dificultades sea la de interpretar correctamente las señales. Es decir, es muy fácil discernir cuando las cosas están bien y cuando las cosas no están bien. Sin embargo, lo que no es tan fácil es descubrir cuál es el cambio de enfoque que se requiere para que las cosas fluyan y nosotr@s podamos fluir con la vida y podamos responder con mayor implicación a nuestra llamada vocacional. Nadie mejor que nosotr@s mism@s para obtener las respuestas correctas a nuestras dudas cuando éstas surgen, sin embargo, desde aquí podemos apuntar a una pista clarificadora: no es la mente racional la que tiene la respuesta, por lo general, la mente racional es la servidora del ego, es la que juzga y sermonea y nos quiere hacer creer que en la fría razón está la respuesta correcta. Yo digo no. La respuesta está en el corazón; la respuesta del corazón es suave y amorosa, no nos suscita desasosiego ni nos presiona. Esa es la pista. Las respuestas correctas llegan por esta vía. Otra cosa distinta es que para dar rienda suelta a las respuestas del corazón necesitaremos vencer nuestros temores, que siempre son infundados y están al servicio de un propósito que no es el nuestro, ni el de la Divinidad.

Los sermones de la mente racional suelen perpetuar nuestro sentimiento de culpa, lo refuerzan. Cuando los consejos llegan de la mente racional, se sienten incómodos por una u otra razón. Cuando los consejos llegan del corazón, se sienten apropiados, y pensar en ell@s nos relaja y nos proporciona un sentimiento de bienestar. Esa es una distinción infalible.

La verdad es que la mayoría estamos más acostumbrad@s a darle crédito a la mente racional que al corazón. Para cambiar este hábito se requiere un esfuerzo sostenido de consciencia. Nos ayudará a este propósito, afirmar y confirmar el Amor en nuestro corazón, porque lo cierto es que necesitamos vencer los temores, y eso es algo que se consigue poco a poco. Recordemos: el Amor es el antídoto del miedo. Para afirmar el Amor en nuestro corazón bastará recitar con frecuencia una oración parecida a ésta (si se dice desde la veracidad del sentimiento, por supuesto):

Yo Soy la Divina Presencia despertando en mí la consciencia del Amor dentro de mi corazón y liberándome del miedo.” El poder de esta afirmación nos prepara para afrontar los descubrimientos sobre nosotr@s mism@s, y para vencer el temor a lo desconocido.

Además del ejercicio de observar atentamente, necesitamos ejercitar la poderosa y sencilla práctica de transformación basada en la consciencia de la palabra y en el poder del decreto, puesto que todo proceso creativo, sin excepción, se fundamenta en el pensamiento que yace detrás de la palabra. El privilegio del pensamiento otorgado al ser humano nos convierte en creadores, y eso es lo que estamos haciendo ininterrumpidamente: creando nuestra realidad.

Aludimos a esta necesidad de primer orden, porque la mente inferior tiene una poderosa inercia que no se vence con facilidad. Se trata de observar incansable y atentamente para descubrir cómo pensamos y cómo nos expresamos con el fin de llegar a adquirir el hábito de refinar el pensamiento y expresar con precisión acorde a aquello que realmente deseamos alcanzar; esto que parece tan sencillo requiere mucha práctica y mucho tiempo de intención sostenida.

Para cambiar nuestros hábitos nocivos de pensamiento, nos ayudará mucho aprender el arte del decreto para que nuestras afirmaciones lleguen a ser afirmaciones de amor, armonizadas y constructivas. La idea fundamental es que nuestros decretos y afirmaciones tienen un enorme poder (o mejor sería decir un poder absoluto) del que no estamos realmente conscientes, porque con la palabra –ya sea que estemos conscientes o no- invocamos a la energía que siempre está ahí disponible para energetizar nuestra petición. Encontramos nuevamente que el significado de la palabra “invocación” alude al verbo latino invocare, recordemos que invocar significa llamar; en consecuencia in-vocar significa “llamar hacia adentro”, lo cual implica que con la palabra atraemos hacia nosotr@s aquello que nombramos. Por eso, tan importante como observar de qué manera decretamos con nuestro pensamiento, es encontrar la forma de transformar nuestros hábitos destructivos. Los mantrams persiguen este mismo objetivo, el de polarizar la mente en su sentido positivo desviando la atención del pensamiento inferior hacia una práctica constructiva, que nos encamine hacia el autodominio y nos permita ser creador@s conscientes.

En relación a nuestra creación consciente es muy importante considerar que el Universo necesita que le ordenemos qué es lo que deseamos y sin embargo no necesita que le digamos cómo ejecutar nuestro mandato. El entramado del Universo es Inteligencia Pura. Considerar que debemos indicarle al Universo cómo proceder constituye un acto de soberbia. Lo único realmente necesario es, por un lado, mantenernos conscientes de cómo nosotr@s utilizamos la palabra, con el fin de llegar a utilizarla bien y por el otro, observar cómo nos sentimos respecto a lo que estamos generando, en ambos casos estamos hablando de observación atenta. De ello se deduce otra reflexión: es de absoluta importancia precisar qué es lo que queremos exactamente. Cómo actuar para llegar a aquello que queremos debería ser una acción mucho más pasiva de lo que con frecuencia permitimos que sea. Esto quiere decir que es muy importante no presionar la realidad, sino permitir que la realidad nos revele las señales para nuestra acción eficaz, las cuales pueden proceder del exterior, ya sea que las mismas reflejen fluidez u obstrucción, o bien del propio interior en forma de sentimientos, sensaciones e incluso respuestas somáticas. Esto tiene todo que ver con la acción fundamental del Agni Yoga –Generar Presencia- a la que aludíamos más arriba, la cual nos remite siempre a la pulsación del Corazón; porque el Corazón no presiona, nos permite avanzar por un acto de Amor y aceptación (captación de la realidad).

Así, en un esfuerzo sostenido, seguramente largo, pero dulce y sencillo, nos encaminamos a vivir y funcionar desde el corazón. Así nos resultará más fácil responder a la llamada de nuestra vocación.

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LAS OPCIONES Y SUS RIESGOS

Más arriba señalábamos los riesgos de penetrar en el laberinto. La analogía del laberinto se refiere al camino del conocimiento del yo para la expansión espiritual de nuestra consciencia. El conocimiento del yo nos proporciona una mayor y más afinada consciencia de la Vida. La correcta interpretación de la famosa inscripción del Templo de Delfos “Hombre, conócete a ti mismo” alude a la verdad de que el potencial del máximo conocimiento está encerrado en la propia naturaleza humana. Conocer la naturaleza humana para llegar a trascenderla, implica ineludiblemente el conocimiento profundo del yo. No se puede conocer la vida humana en toda su dimensión mirando hacia fuera, si antes no hemos indagado lo suficiente en nuestro interior para conocer nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestros condicionantes, nuestras reacciones y pulsaciones. Sucede que las instituciones del sistema social nos enseñan a mirar hacia fuera, ignorando la relevancia de mirar hacia dentro. Sucede también que el sistema no nos enseña a mirar con el corazón, sino que nos entrena a valorar con la mente racional. Bajo estas pautas de aprendizaje el ser no podrá ir nunca más allá de un determinado límite. Porque lo cierto es que estas pautas de aprendizaje no están pensadas para que el ser aprenda a trascender límites, sino más bien están pensadas para supeditar al ser a los intereses del sistema. Me estoy refiriendo aquí a los intereses de poder de unos pocos sobre un@s much@s, pero no nos extenderemos ahora en matizar estas afirmaciones porque nos desviaríamos del propósito del capítulo. Así que si volvemos a retomar el hilo de lo que decíamos, señalaremos que no es mirando hacia fuera ni valorando con la mente racional que podremos ir más allá de las interpretaciones que nos han estado reteniendo en una visión parcial y preconcebida de las cosas. Continuar funcionando así acaba siendo un despropósito para cada un@ de nosotr@s. Es necesario ampliar parámetros: por un lado, es necesario indagar hacia adentro, por el otro, es necesario aprender a mirar con el corazón. El ámbito del corazón está un nivel por encima del estrato del plano mental, dividido éste en mental superior y mental inferior. El corazón establece un enlace sin principio ni final con la mente superior. El símbolo del infinito se dibuja en los circuitos energéticos del ser cuando éste se conecta a su corazón y aprende a vivir y pulsar de forma consciente desde allí. La mente superior humana, la mente abstracta, regida por el hemisferio derecho del cerebro, es la representante de la Mente Divina; es la mente que rige y posibilita el procesamiento de la conexión del ser a la totalidad de la energía que éste recibe a través de todo su sistema sensorial que culmina en el chakra del corazón, por eso la mente abstracta es la mente que procesa la experiencia del eterno presente y la consciencia de unidad con la totalidad de la vida. La conexión perfecta y consciente de la mente abstracta sólo se establece cuando hay conexión con el corazón y viceversa, en una medida exacta de proporcionalidad entre ambas cosas. La mente abstracta no necesita de la verborrea de la mente racional, no la utiliza, está solamente al servicio del corazón. Encaminarse de forma voluntaria y más o menos consciente a seguir el camino del corazón nos conecta con el poder de la Mente Universal. Es en el corazón donde tenemos el acceso a todo nuestro potencial creador y armonizado, es allí donde establecemos contacto con el infinito potencial de la Mente Universal, cuya representante en nosotr@s es la mente superior o mente abstracta. A medida que vamos activando la mente abstracta, la mente racional se va silenciando; no es que deje de funcionar, sino que aprende a supeditarse voluntariamente a la mente superior y por lo tanto se pone al servicio del corazón.

No obstante, para evolucionar hacia ese espacio sin parámetros en el que la consciencia empieza a expandirse y a liberarse de las limitaciones, el ser ha necesitado primero utilizar y explorar su mente racional para adquirir consciencia individual y experimentarla mediante ciertas pautas y códigos de conducta. La mente racional, regida por el hemisferio izquierdo del cerebro, es la mente que procesa la información de forma metódica, analítica, secuencial, cuantitativa y calculadora. Su función acentúa la fragmentación y la diferenciación, procesando las causas (aunque sea de forma parcial) revelándonos los significados de la experiencia horizontal del ser (experiencia temporal y lineal) por medio de la sucesión del antes y el después. La mente racional por sí sola nunca nos permitiría la experiencia de la conexión, de la unidad y de la simultaneidad.

Cualquier código de conducta o patrón elegido o elaborado por la mente racional, nos retiene en un espacio acotado y conocido que nos brinda pautas y seguridad, pero también nos limita. Cuando el ser dispone de un código de conducta dispone de un modelo y de una aspiración. Esto ha sido útil y necesario para la evolución de nuestra consciencia. Sin embargo, llegad@s a cierto punto, necesitamos comprender que ese modelo adoptado y que nos ha servido, necesita ser liberado de su rigidez, puesto que cuando mantenemos un código de conducta rígido, la exigencia de dicho código nos arrastra hacia la desconexión del corazón, entonces es muy fácil caer en la omisión y en el falseamiento, la mente racional aliada del ego urdirá con mucha habilidad sus sutiles paranzas para solapar la verdad cuando ésta no se ajusta al código de conducta autoimpuesto. Así funciona la mente racional y así nos traiciona.

Para muchos de nosotr@s ha llegado la hora de emanciparnos de la mente racional, de las normas y códigos impuestos y adoptados como propios. Muchas personas hemos llegado ya a interiorizar la comprensión de una forma de conducta y de relación respetuosa y armonizada, así como el conocimiento de una norma universal que suple todas las normas y leyes elaboradas por seres humanos: la libertad propia acaba donde empieza la libertad ajena. La aplicación de esta nueva forma de funcionamiento implica conexión con el corazón. El corazón no necesita códigos éticos, porque simplemente está consciente de la unicidad, de que tod@s formamos parte de una unidad. Lo que le sucede a un@, afecta a tod@s. La comprensión profunda de esta verdad sólo puede realizarse en el corazón. El corazón nos permite sentir esa verdad que tan urgentemente necesita reconocer el ser humano: tod@s somos un@.

En cuanto a las opciones y los riesgos, por un lado tenemos la opción de quedarnos retenidos en ese espacio acotado y conocido, regido por la mente racional. Hasta que la consciencia así acotada no nos pide emancipación, este espacio nos brinda una sensación subjetiva de protección y seguridad. Sin embargo, cuando llega la hora de trascender a cotas más amplias de consciencia para aprender a funcionar desde una mayor libertad, resistirse a ello sólo nos servirá para generar dificultades. La vida misma se encargará de brindárnoslas. Será la propia resistencia la causante de todo tipo de incomodidades e insatisfacciones internas, que además se acrecentarán con las consecuencias de los errores de percepción causados por la tozudez de permanecer viviendo y funcionando bajo los viejos parámetros de conducta. Este mecanismo natural de empuje, irá in crescendo  mientras nos empeñemos a no ceder a las presiones de la necesidad de un cambio. Estamos viendo como este mecanismo actúa por doquier todos los días, en nosotr@s mism@s y en los demás, produciendo todo tipo de distorsiones, dificultades y problemas de salud y otros, que se evitarían si respondiésemos conscientemente a las peticiones del corazón. Ese es el riesgo que acaba en destrucción si adoptamos la opción de permanecer encarcelados en los parámetros de la mente racional.

Por otro lado podemos hablar también de los riesgos que acarrea la opción de penetrar en el laberinto del conocimiento del yo. El primero de los riesgos es que elegir esta opción es un camino sin final, puesto que a un cierto punto hay un Yo que transciende la personalidad humana y prosigue hacia delante con el deseo de conquistar todo lo que existe y le es aún desconocido. No hay vuelta atrás cuando se penetra hasta un mínimo punto en este laberinto. Puede que nos asustemos y queramos detener nuestro recorrido, pero no podremos volver hacia atrás sin que el intento resultase catastrófico. Los riesgos de esta opción son los riesgos que asume cualquiera que se aventure a lo desconocido. Lo desconocido suscita temor. Puede que nos acechen los temores, y todo tipo de soledades y sentimientos de vacío, sobre todo hasta un cierto punto del camino. Mas el secreto está en no identificarse con ello y seguir avanzando traspasándolo. Bien pensado, los riesgos que acarrea esta opción son completamente subjetivos, puesto que existen en función de ese código de la mente racional que estamos deseando trascender. El camino del conocimiento del yo suscita temor antes de ser explorado, porque descubrirse no es una tarea fácil. Sin embargo, ahora se nos brinda un conocimiento que facilita y posibilita que much@s más de nosotr@s nos aventuremos a ello. Me estoy refiriendo a la disciplina del Agni Yoga, que no es otra cosa que la aventura de transitar el camino del corazón, práctica que nos proporciona la medicina del amor, la única medicina poderosa e infalible capaz de sanar tod@s los males y disolver todas las dificultades.

Estamos ya en el interior del laberinto, ya no podemos dar marcha atrás, pero es fascinante. El laberinto ha resultado ser la más grande extensión de nosotr@s mims@s y una invitación a la libertad desde la consciencia. Aquí el espacio pierde acotación y la libertad se siente grande y expansiva. El tiempo se ralentiza y tiende a desaparecer, disponemos de todo el tiempo para ser y llegar a trascender el tiempo.

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CONSCIENCIA EN EL PROCESO CREATIVO

Ya hemos señalado con anterioridad que somos los creador@s de nuestra realidad. Nadie ha creado nuestra realidad por nosotr@s, que sino que somos nosotr@s mism@s quienes la estamos creando permanentemente en base a nuestras convicciones, creencias y emociones, indistintamente de si las mismas son conscientes o inconscientes; en este sentido, nos agrade o no, la realidad que percibimos la hemos cocreado entre tod@s. Por esta razón -tan reveladora para algun@s- es objetivo del libro traer consciencia a este nuestro proceso de vida que está tan estrecha y directamente vinculado a nuestra capacidad creativa, para que la misma llegue a ser consciente y por lo tanto nuestra creación se pueda armonizar y dirigir. Por su parte, el objetivo del Agni Yoga es generar presencia, lo cual se traduce en traer consciencia a nuestro proceso creativo de vida con el fin de conquistar la integridad y con ella la inmortalidad; en este sentido el objetivo del libro no hace otra cosa que secundar este objetivo mayor.

En un momento dado, cuando el ser empieza a investigarse con el objetivo de llegar a conocerse para dirigir conscientemente su vida, lo primero que necesitará reconocer y comprender es que partimos del caos y que ese caos necesita ser ordenado para que la magia de la Creación se inicie. En todo proceso creativo se reproduce esta condición. El término caos no alude solamente al concepto de desorden, sino que alude también a otro trascendente concepto que podríamos definir como Vacío Potencial, el Todo y la Nada coexistiendo en las infinitas posibilidades aún inmanifiestas de ser.

Como en todos los procesos creativos, para iniciar el proceso consciente al que aludimos en todo nuestro libro, el cual parte del deseo de armonizar nuestra vida y traerla a la consciencia iluminada, disponemos de algo muy valioso que se llama pensamiento. El pensamiento se fundamenta en el lenguaje, razón por la cual es imprescindible aprender a utilizar bien nuestro lenguaje. Esto significa que es imprescindible definir lo más clara y concretamente posible aquello que queremos alcanzar, y significa también que es necesario permanecer conscientes de nuestro lenguaje y de nuestro pensamiento. La definición de la cosa en sí a la cual aspiramos, es sumamente importante para que el proceso creativo se inicie y nos dirija hacia donde nos interesa. Cuando una idea surge del caos, se inicia el proceso creativo que transita de lo abstracto a lo concreto. El primer paso, para que una creación incipiente pueda surgir limpiamente y sin interferencias es la clara definición de la misma. El ejercicio de definir con la mayor precisión posible aquello a lo que aspiramos, afina nuestra consciencia y la enfoca hacia nuestro objetivo.

La palabra sobre la cual se sustenta nuestro pensamiento se merece una atención suprema. Esto significa que es muy importante tomar consciencia de aquello que pensamos y de qué es exactamente lo que decimos cuando hablamos. Aquello pensado o nombrado es lo que realmente está en la mente tratando de concretarse en la realidad, aunque muchas veces, muchas, no estamos conscientes ni de lo que pensamos ni de lo que nombramos y aquello que nombramos o pensamos no está en sintonía con lo que perseguimos. En definitiva, con frecuencia la palabra va en una dirección diferente de la idea de aquello que perseguimos, la casa está dividida contra sí misma. Mientras que por una parte tenemos el deseo de crear algo, nuestra mente está tratando de crear otra cosa distinta. Los montones de quimeras que acumulamos a lo largo de nuestra vida evidencian esto. Ese es el primero y más fundamental de los errores que cometemos cuando vamos en pos de algo que no conseguimos alcanzar.

Buda es representado con inmensas orejas simbolizando la importancia de escuchar lo que realmente expresa nuestra mente. A esto yo le llamo meditación creativa u observación atenta, V. B. Anglada le llama serena expectación. De lo anterior se deduce la gran importancia de “escuchar” en qué consiste en realidad lo que decimos o lo que pensamos, a la vez que nos mantenemos a una cierta distancia de aquello que queremos decir.

Es importante tomar consciencia de que el Universo cumple y ha cumplido siempre con nuestros mandatos. El problema radica en que nosotr@s no hemos estado conscientes de nuestros mandatos. Investigar sobre como dirigimos nuestra propia vida, es decir, de qué manera creamos constantemente nuestra realidad, equivale a indagar en quienes realmente somos.

La observación atenta nos conduce a la captación de la realidad, la captación de la realidad es un acto de amor y aceptación. Sólo cuando se produce la captación, estamos en condiciones de transformar, o lo que es lo mismo, de crear de forma consciente y armonizada.

Hemos visto, pues, que es imprescindible definir claramente el qué. Por su parte el cómo (más arriba ya hemos hablado sobre esto) sólo debe señalar hacia cómo nos posicionamos nosotr@s y jamás hacia cómo creemos que las cosas deberían ser. Los “cómos” válidos son: cómo utilizamos la palabra y cómo nos sentimos respecto a aquello que estamos generando, ambos nos son revelados mediante la escucha activa y consciente.

Volvemos a la idea de permanecer atent@s al mundo y a nosotr@s mism@s, a la vez que volvemos al concepto de Vacío Potencial -el Todo y la Nada coexistiendo en las infinitas posibilidades aún inmanifiestas de ser- razón por la cual, cuando nosotr@s deseamos una cierta cosa, esa cierta cosa está deseándonos a nosotr@s, está esperando por nosotr@s. En este sentido, cada circunstancia que se presenta sobre nuestra experiencia del mundo, contiene valiosa información que se convierte en otro indicador que completa nuestro mapa de ruta.

Con la práctica de la atenta observación, las señales que nos trae cada nueva experiencia nos permiten aprender a reconocer la verdadera naturaleza de aquello que invocamos, es decir aquello que va surgiendo en nuestro recorrido, nos revela la calidad de las propias señales. Y gracias a ese reconocimiento, llegamos a distinguir si aquello que constantemente invocamos con nuestros sentimientos, pensamientos y palabras es verdaderamente lo que queremos y deseamos o si por el contrario, no lo es. Porque toda cosa que se manifiesta en el exterior no es sino un reflejo de lo interno, y viceversa, lo interno se refleja en el exterior. La creación se produce de dentro hacia fuera y de arriba hacia abajo. Angi Yoga alude constantemente a la idea de no separación, lo cual equivale a decir a la idea de Unicidad.

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LA OBSERVACIÓN, LAS IDENTIFICACIONES Y LOS APEGOS

El acto de la observación atenta que se promulga como una de las prácticas principales del Agni Yoga, sostiene por un lado el propósito de elevar nuestra consciencia por encima de la consciencia meramente material o corporal de la vida para aprender a observarnos a nosotr@s mism@s. Y por el otro, persigue el objetivo de poner este ejercicio al servicio de la liberación y de la transformación, lo cual sería desde nuestra perspectiva humana, llevar la consciencia más allá de la consciencia.

Hay un nivel de consciencia primario en el ser humano que nos permite observar las cosas a nuestro alrededor y nombrarlas o describirlas, esa es una acción directamente relacionada con la mente racional. Mientras no saltamos un nivel por encima de esta consciencia primaria, apenas si tenemos consciencia del yo. El siguiente nivel de conciencia nos permite observar al yo que observa las cosas a su alrededor. Es éste el grado de consciencia que nos permite practicar la acción fundamental del Agni Yoga. En términos generales, el objetivo de esta práctica es crecer en consciencia y hacernos conscientes de nosotr@s mism@s para poder transformar nuestra realidad desde dentro. No existen las casualidades, es muy importante desestimar esta teoría. Nada de lo que nos sucede es fruto del azar ni de la casualidad. El principio del cambio pasa por que nos observemos atentamente, permitiendo que nuestra observadora silenciosa, la Presencia expresándose a través de nuestro corazón, que no juzga pero percibe, entre en acción. Se trata de darle credibilidad a esa parte de nosotr@s capaz de observar nuestros procesos mentales para descubrir si éstos están condicionados o no. Se trata de observar cómo reaccionamos a las situaciones, cómo son nuestras actitudes, nuestras reacciones, nuestras emociones. Se trata de aprender a observar nuestras sensaciones y saberlas interpretar. En definitiva se trata de reestablecer una comunicación íntima y consciente con un@ mism@ para distinguir entre lo vital y lo condicional, puesto que es ésta la distinción que nos permitirá crear desde la consciencia.

Para que la transformación se produzca lo primero que se precisa es liberar y soltar. Para que entre algo nuevo lo viejo tiene que dejar espacio porque en realidad la causa de toda dificultad y sufrimiento está en los apegos y en las identificaciones. En este punto enlazamos con el ejercicio de la observación atenta para ponerlo al servicio de detectar esas identificaciones y esos apegos.

Es importantísimo elevar la consciencia por encima de la consciencia material porque sólo así podremos observar que habitualmente nos estamos identificando no sólo con la mente racional incansablemente discursiva, sino también con las emociones que nos suscitan nuestros propios pensamientos sobre las cosas, además de con los pensamientos y las acciones de los demás. Podemos aún elevarnos un poquito más allá de esa consciencia capaz de observar al yo y empezar a observar desde la consciencia de que no somos ni esos pensamientos, ni esas emociones. Es decir, no son los pensamientos, las emociones, las ideas o creencias que tenemos de la vida, ni siquiera nuestras acciones, lo que nos identifica realmente, aunque hasta el momento nos hayamos creído que sí. Lo que realmente nos identifica está más allá de lo descriptible y se refiere a nuestra Divinidad Interior.

No sólo necesitamos desidentificarnos de nuestras identificaciones, sino también desapegarnos de nuestros apegos. Los apegos son la consecuencia directa de nuestras falsas identificaciones. Para desapegarnos de las cosas, personas, sucesos, ideales, incluso de nuestro propio cuerpo, necesitamos llevar la consciencia al nivel más elevado posible de nuestra existencia humana y referenciarnos en nuestra identidad real.

Pero si hablamos de la necesidad de desapegarnos puede que nos vengan a la mente una cantidad abrumadora de apegos a una cantidad abrumadora de cosas. Por lo tanto es imprescindible priorizar: ¿de qué necesitamos desapegarnos ante todo? Sin lugar a dudas yo señalaría que necesitamos desapegarnos del drama, de las dramáticas interpretaciones que hemos hecho de nuestra historia, de la historia misma, de las falsas identificaciones de nuestro yo que ocultan a nuestro yo real, también de nuestras opiniones, en definitiva, de las experiencias en general y de las interpretaciones que hemos hecho de las mismas.

Los apegos han tenido su razón de ser, nos han proporcionado temporalmente una subjetiva sensación de solidez y de identidad. Mas ahora es el momento de liberar y permitir que emerja nuestra identidad real.

Destaco nuevamente la importancia de aprender a desapegarse del drama, pues éste nos retiene en una versión de la realidad tendenciosa, dolorosa y muy limitada. Podemos empezar por plantearnos que las dificultades y los problemas son retos para que aprendamos a desapegarnos del drama. La tendencia al drama condiciona de forma negativa y limitante el concepto de sí-mism@.

La máxima dificultad está en desidentificarnos del personaje que la vida nos exige desempeñar en determinadas situaciones, a lo sumo cuando estas situaciones son conflictivas y duraderas. Nos creemos los personajes que representamos y confundimos nuestra identidad con la del personaje. El personaje se apodera de nosotr@s, en lugar de ser nosotr@s quienes utilizamos conscientemente el personaje.

También la idea de sí-mism@ (autoimagen) nos condiciona de una forma sutil y muy poderosa, nos limita sin que seamos conscientes de ello, pues nos retiene en determinados patrones de conducta y oculta a nuestra consciencia nuestras propias causas emocionales. Los pensamientos de las otras personas, que nos parece van en contra de nuestra autoimagen, nos provocan reacciones emocionales. Aquellas conductas u opiniones del prójimo que nos suscitan más reacción emocional, son pistas muy claras de causas propias veladas -parcial o completamente- a nuestra consciencia. Es importante observar ese mecanismo, observar el tipo de reacciones y la naturaleza de las emociones que nos suscitan las ideas, opiniones o actos que aparentan estar en contra de la imagen propia, la cual se sustenta en nuestras opiniones de la vida. Pero no solamente nos condicionan las opiniones que van en contra de las nuestras, sino por lo general también nos condiciona de forma sutil cualquier opinión que l@s demás tengan de nosotr@s. En este proceso de autoobservación nos volvemos transparentes. Necesitamos desapegarnos de esa idea condicionante que es nuestra autoimagen así como de las reacciones emocionales que nos provocan las opiniones de l@s otr@s, tanto si estas nos parecen buenas como si nos parecen malas.

La creciente ansiedad en los seres humanos que con mucha frecuencia desemboca en depresión es el resultado de buscar hacia fuera e identificarse con lo externo en lugar de buscar la compañía y el amor de la consciencia interior; esta forma de funcionar provoca un sentimiento de vacío que ha ido aumentando hasta mellar nuestra autoestima y nuestro ánimo. La confidencialidad y la compañía íntima tienen que darse en un@ mism@. La idea es convertirse en nuestr@ mejor amig@ y confidente, en lugar de ir buscando los puntos de apoyo emocional en el exterior, delegando la responsabilidad de nuestra estabilidad, incluso de nuestra identidad, en otras personas o factores externos. La identidad real sólo nos la puede ofrecer nuestro Yo Divino.

Se trata de renacer a un estado liberado de ser y no condicionado. Se trata de apelar a nuestro yo auténtico. Nos situamos en él cuando nos observamos con atención y somos capaces de vernos trascendiendo toda interpretación.

(SIGUE)

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2ª PARTE

-POÉTICA DEL AGNI YOGA-

PERLA ÍGNEA EN EL CORAZÓN

-La esencia del Agni Yoga-

El sentido de la vida toda está fundamentado en la evolución y toda evolución se sustenta en una transformación constante. La vida humana ha sido regalada con la soberanía del libre albedrío, condición que nos brinda la oportunidad de participar de forma consciente en el proceso de la creación, de la propia transformación y de la transformación de la vida mediante la experimentación. El flujo imparable de la evolución -la naturaleza evolutiva de la Creación Toda- afirma que la evolución del alma de cada ser individual se producirá de forma segura, ya sea más lenta o más rápidamente, según sea el grado de su implicación consciente. Justamente, esta condición soberana que nos ha sido otorgada puede posibilitar, dependiendo de nuestra implicación y decisión, que la transformación y el cambio se aceleren, y la liberación se precipite a nuestra vida de forma gradual. En virtud de nuestro origen divino, somos l@s creador@s de nuestra propia realidad y los cocreador@s de la realidad grupal, social y planetaria. El proceso de la transformación social depende de nuestra transformación individual, y nuestra realidad externa es solamente el reflejo de nuestra realidad interna. Todo lo que existe en el Universo es energía en su naturaleza esencial, energía que a merced de las infinitas variaciones de frecuencia de vibración posibilita la diferenciación de las infinitas manifestaciones. Nuestro ser y todos los aspectos de nuestro ser, también se componen esencialmente de energía, energía o energías que podemos llegar a modular para posibilitar la transformación, realizando para ello un aprendizaje de consciencia. Para realizar este proceso de cambio y transformación lo primero que tiene que suceder es que sepamos exactamente donde estamos, cómo somos y quienes somos; para ello se requiere un cambio de enfoque fundamental, necesitamos aprender a mirar hacia dentro. Cada descubrimiento acerca de nosotr@s mism@s posibilita el cambio. Los cambios perdurables son aquellos que se producen en el interior y luego se reflejan en el exterior. Para posibilitar la transformación y la liberación es necesaria la intención y un firme compromiso para que nuestro propio proceso de creación sea activo, voluntario y consciente.

La silenciosa práctica del Agni Yoga trata precisamente de posibilitar esa transformación, la cual se fundamenta esencialmente en la práctica sostenida de la observación atenta que posibilita la gradual revelación de nuestras condiciones internas y externas, lo cual a su vez posibilita que las podamos modificar.

La disciplina del Agni Yoga no es otra cosa que el arte de generar presencia mediante la atención, para poner esta acción al servicio de la sanación del alma y de la transformación. Agni Yoga es un camino interno e individual de distinción. Se puede describir como la elección y el compromiso consciente que nos enseña la práctica de distinguir entre las pulsaciones del ego –personalidad- y las pulsaciones de la Divinidad o del Espíritu, para ir permitiendo gradualmente que sea nuestra Divinidad interior la que se encargue de dirigir nuestra vida. Esto que planteado de esta forma podría parecer un propósito de carácter excesivamente místico, se puede traducir a una propuesta de carácter más práctico y asequible: distinguir en nuestra persona lo auténtico o verdadero de lo falso. Lo auténtico, la verdad en nosotr@s, es lo único que nos puede remitir al Espíritu. Lo falso, o las pretensiones de ser lo que no somos o de no ver lo que verdaderamente somos, es lo que en definitiva nos aleja del Espíritu.

Mediante la intención y la atención sostenida aprenderemos, sin forzar los procesos, a polarizar positivamente nuestra mente y nuestras emanaciones emocionales, a la vez que nos desidentificaremos de los mismos. El Agni Yoga no necesita indagar en el pasado ni necesita hurgar en el subconsciente, porque las condiciones saludables del ser se restauran cuando nos ocupamos de establecer contacto consciente desde nuestro corazón, con nuestra propia alma, con nuestra realidad personal en el momento presente y con el resto de la vida. Con el Agni Yoga aprendemos a enfocarnos en la Divina Realidad dentro de la forma y a despertar la consciencia crística, la cual permanece latente en nuestro corazón.

Todo cambio se sustenta en la consciencia porque la energía responde a la consciencia, tal como ha quedado demostrado en física cuántica. Por lo tanto, para transformar nuestra realidad particular o algún aspecto de ella, la primera cosa que necesitamos es tomar plena consciencia de cómo es esa realidad, esto implica un firme deseo de veracidad y aprender a observar con el corazón abierto y dispuesto a aceptar. La disciplina del Agni Yoga nos convierte en observador@s objetiv@s de la realidad subjetiva. Esto lleva su tiempo, pero cuando nos decidimos por esta transformación, el mecanismo de la transformación ya se ha puesto en marcha. Los tiempos que corren favorecen completamente este impulso de transformación porque esta época está imbuida de esa profunda necesidad de transformación así como del enorme potencial del logro. Es éste el tiempo de reclamar nuestra identidad espiritual, nuestro derecho divino de nacimiento.

Para dejar entrar lo nuevo hay primero que clausurar lo viejo. Mas soltar lo viejo sin tener ninguna señal perceptible de lo nuevo, es verdaderamente difícil, y suscita temor. Nada se va a conseguir de manera artificial. El Agni Yoga trabaja desde la consciencia de que la felicidad se basa en la osadía de ir a despertar la sustancia primaria con el pensamiento firme y perfectamente calibrado. El Agni Yoga se basa cien por cien en la experiencia consciente. Las señales perceptibles de lo nuevo tienen que empezar a lucir en nuestro interior. Es entonces cuando el ojo avizor las ve reflejadas en el exterior. Nos estamos refiriendo concretamente a la práctica necesaria de ejercitar la certeza de la liberación de todas las tribulaciones humanas. Es necesario una visión desde la fe, que sitúa una parte de nuestro enfoque consciente en el logro completado, y vuelve incansablemente a él cada vez que éste se pierde. Porque en cierta forma, para crear son necesarias las metas, aunque las mismas puedan -o quizás deban- estar planteadas de forma abstracta, lo que quiere decir que los objetivos deberán plantearse liberados de la tiranía de la personalidad, la cual siempre pretende que las cosas sean de una determinada manera. La resolución del Espíritu no se puede constreñir ni controlar.

Cuando la llamada profunda se intensificó en mí, entonces se intensificó también el deseo de no demorarme en acciones y trabajos sin sentido. Pero lo cierto es que quedé suspendida en un gran interrogante: de qué forma debía actuar para llegar a satisfacer también nuestras necesidades materiales, las de mis hij@s y las mías propias. Lo único que verdaderamente calmó mi temor a no disponer de lo necesario, fue conocer el firme e íntimo propósito de mi vida, para el cual mi solitario, lento y paciente trabajo no desfallece nunca. Sólo yo podía saber hasta qué punto en mis estructuras energéticas pulsa un legítimo deseo de misericordia, y es justamente este intenso y profundo deseo que la atrae hacia mí. Es ese intenso y profundo deseo que desencadena el mecanismo liberador de la vida humana, el perdón, la única aspiración verdaderamente capaz de despejar el camino y ensanchar las avenidas de la bonanza.

El sentido primordial que ahora mueve mi vida desde la consciencia, es el único sendero que reconozco luminoso y válido: el significativo, sensible y bellísimo camino del Corazón. Ésta es mi vida, la razón de mi presencia aquí. ¡Cuánto sufrimiento antes de tomar contacto pleno con esta idea! La Síntesis se produce en el Corazón. La consumación de toda coherencia, de toda unificación, se produce en el Corazón. El Corazón es el magneto que “conecta todas las manifestaciones”[1].

Dadas las críticas circunstancias humanas, sociales y económicas que estamos viviendo en la actualidad, dada la tremenda desestruccturación social y económica que se está produciendo en nuestro sistema, es difícil para muchos de nosotros liberarse del temor a la carencia, puesto que las necesidades económicas siguen formando parte de nuestra realidad física, a lo sumo en este entorno tan hostil y crítico al que ha llegado nuestra sociedad. Tan importante es no desoír esta necesidad, para no incurrir en una desconexión con la realidad, como sostener la certeza de la Abundancia del Corazón y la fe en la Misericordia Divina. El Corazón es el verdadero creativo del ser y en él todas las realidades son reconciliables. Es imprescindible la conexión con el Corazón, mas es necesaria también la cooperación de los corazones.

La consecuencia de tanta distorsión, tanta crueldad observada por doquier en todos los aspectos de la vida, es el fruto de la incultura del Corazón. Es por eso que la misericordia y el perdón van firmemente asid@s de la mano. Se precisa una profunda comprensión para perdonar a quien ha causado mucho daño y más aún a quien nos ha causado mucho daño. Pero también se precisa mucha firmeza y criterio discernidor para no asociar el perdón a la obligación de abrazar emocionalmente a quien en realidad debemos mantener lejos de nuestro campo de acción. Eso también se distingue desde el Corazón. Sólo podemos liberarnos por la energía de nuestro propio corazón. No hay otra panacea que no sea la del Fuego del Amor. Ésta es la gran verdad y el mayor consuelo, porque nos remite a una idea rescatadora que pulsa en mi interior desde mucho tiempo atrás: sólo depende de mí (de cada un@ de nosotr@s). Nuestra victoria depende de la veracidad de nuestro camino, de la firmeza de nuestra decisión. Por eso mantener la higiene en hábitos emocionales y mentales, emociones y pensamientos, es muy importante, porque el resentimiento se vale de la fuerza de la inercia. Observar con frecuencia nuestro estado emocional, esto es, observar cómo nos sentimos, nos da una información fiable del tipo de realidad que estamos creando o perpetuando. Los sentimientos amorosos y de gratitud están creando una realidad armonizada, mientras que el resentimiento, el juicio y la crítica contribuyen indudablemente a perpetuar una realidad distorsionada, limitada e inarmónica. Lo mínimo a lo que debemos aspirar es a no llevarnos a engaño. Si nuestros sentimientos son discordantes, estamos calificando la vida con discordia, estamos creando discordia y somos responsables por ello; si nuestros sentimientos son amorosos y gratos, estamos creando armonía en nuestra propia vida y a nuestro alrededor.

(SIGUE)

[1] Del libro CORAZÓN (1932) Propiedad de la Sociedad Hispana Angi Yoga, párrafo 1.

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