Invitación

REVELACIÓN

En una búsqueda insaciable, llevo toda mi vida transitando de forma consciente los laberintos del conocimiento humano, no sólo, y sobre todo, dentro de mí -de mi propio ser y de mi propio ámbito de experiencias y relaciones- sino fuera, en las experiencias destacadas de otras personas que han puesto los frutos y conclusiones de sus aprendizajes al servicio del progreso de l@s demás seres humanos. Para utilizar una frase que Claudio Naranjo escribe en el prólogo de su libro “Carácter y Neurosis -Una visión integradora-”, me he asomado como exploradora de mente abierta a muchas escuelas -así de bien lo expresa Claudio de sí mismo- a muchas escuelas, corrientes y experiencias de vida, y siento también como Claudio, que el carácter integrador de mis intenciones no sólo me parece a estas alturas imprescindible -en cuanto se refiere a integrar todo lo que se es, se ha sido y se experimenta- sino que sigue determinando que el sendero por el que transita mi vida -y así sucede con la vida de tod@s- vaya adquiriendo de forma completamente real, parajes nuevos, mucho más plácidos y bellos, mucho más armoniosos y significativos. Ello, indefectiblemente, va a la par de una conciliación interior con el mundo, con la propia experiencia y con los seres con los que establecemos relación.

El ser humano busca de forma natural su plenitud. Yo misma como ser humano he buscado de forma natural mi plenitud. Para alcanzar su bienestar, el ser precisa armonizar todos los aspectos de su vida, tanto dentro de sí mismo, como en la totalidad de su círculo de relaciones. Si las experiencias del ser en las primeras etapas de la vida no están fundamentadas en las correctas relaciones humanas -lo cual es lo más frecuente- y el estigma de la carencia, en mayor o menor grado, se va forjando dentro de sus sistemas como una consecuencia “fatal” de sus experiencias de aprendizaje, el ser hallará su motivación de búsqueda en la carencia y ello determinará -y de hecho determina- el desarrollo de ciertas actitudes neuróticas en su conducta. Dichas actitudes neuróticas se desarrollan como mecanismos naturales de compensación. La palabra “fatal” que destaco entre comillas más arriba, se refiere a este tipo de consecuencias, aunque precisamos señalar -de ahí las comillas- que si bien en cierta manera podríamos describir estas consecuencias como fatales por cuanto a que son el origen de nuestro sufrimiento -en este sentido se convierten en el talón de Aquiles de nuestras experiencias desafortunadas- son también el resorte que nos impulsa al propio descubrimiento e implicación consciente en nuestro camino de búsqueda y crecimiento personal y espiritual.

Volviendo al concepto de Integración, me reiteraré en la importancia de -llegados ya a este punto de nuestra evolución y vida- sostener esta intención como la motivación primordial que guíe nuestras experiencias. Es imprescindible integrar todo cuanto somos, fuimos y seremos, no hay otro camino posible para la redención o liberación que tanto ansiamos. No se puede integrar aquello que no se conoce o no se acepta. Por eso se convierte en imprescindible -ineludible para much@s de nosotr@s- conocer con precisión quiénes somos, cómo somos y cómo nos comportamos y relacionamos con nuestro prójimo. No hay más. Así de sencillo y así de complejo.

La cuestión que aquí se plantea es ¿cómo lo hacemos para poder observar con la suficiente atención como para descubrirnos sin subterfugios, destaparnos, desnudarnos frente a nosotr@s mism@s, minimizando a la par el sufrimiento hasta reducirlo por completo? Esta respuesta que me aventuro a ofrecer aquí surge como el fruto de mi propia experiencia. No se fundamenta en teorías filosóficas o mentales, sino en las conclusiones experienciales a las que voy llegando en mi propio camino de búsqueda. En el Corazón está la respuesta. Precisamos dedicarle a nuestro propio corazón nuestra atención y nuestra más afinada consideración. Pero también precisamos -casi de forma imprescindible- que alguien fuera de nosotros nos arrope dentro de su propio corazón. Como seres humanos de sangre caliente que somos, necesitamos que esto suceda. Entonces, la observación atenta de este maravilloso mecanismo relacional nos revela y nos predispone a aceptar y a integrar a las otras personas como partes imprescindibles de nosotr@s mism@s. Finalmente, en algún punto de nuestro camino de experiencia, postulamos y reconocemos en nuestro interior la importancia del Amor -en el sentido más respetuoso y completo del término- la importancia de amar la vida, empezando por la propia vida y la propia persona, y siguiendo por todas las otras expresiones de vida que constantemente coexisten con nosotr@s, lo cual se refiere en especial -me reitero- a las personas con las que nos relacionamos. Preciso matizar la importancia de no confundir “amar” con “abrazar emocionalmente”. Amar, cuando nos referimos a alguien que nos repulsa en mayor o menor grado (cosa que puede suceder y sucede de forma real en nuestras vidas) significa aceptar la experiencia de la otra persona como válida para ella, sin juzgar, sin condenar ni querer cambiar nada de ella; ello no implica en absoluto (cosa que me consta por la propia experiencia que se confunde con frecuencia) que sea necesario abrazar a esa persona emocionalmente. Es más, descubriremos con placer que tenemos la libertad de escoger nuestras relaciones, que podemos alejarnos libremente de ciertas propuestas de relación distorsionadas, aquellas no basadas en las correctas y benéficas relaciones. Porque, seamos sincer@s, hay propuestas de relación que no hacen otra cosa que acentuar y perpetuar nuestras neurosis. En este sentido nos corresponde en primera instancia, afinar nuestras propias pulsaciones y velar para que nuestras circunstancias y propuestas de relación sean correctas, armonizadas, respetuosas, coherentes y benéficas. Lo cual implica necesariamente, a veces, abandonar aquellas circunstancias y relaciones que no lo son y no lo podrán ser dentro del contexto en el que se desenvuelven.

Esta conclusión nos lleva a otro descubrimiento importante. Parece que el curso mismo de la vida nos está sugiriendo que comprendamos la importancia de la necesidad del desapego. El apego es una consecuencia natural de la carencia. Por lo que el reconocimiento y la validación de la abundancia en nuestra propia vida irá necesariamente asociada al desapego. Se precisa para seguir avanzando que estemos predispuest@s a desapegarnos. Amar también significa desapegarse, puesto que Amor es sinónimo de Libertad y el apego no es libertad. No hay que confundir desapego con falta de compromiso, esta es otra cuestión importante que habrá que revisar a su debido tiempo; templar el desapego con el compromiso no es tarea fácil y requiere una actitud atenta permanente.

Tanto en mi propio trabajo personal – ámbitos íntimo, familiar y relacional- como en el ámbito de lo profesional, mi deseo, mi profundo anhelo, es que esta intención integradora destaque y resplandezca como la maravillosa luz que guía y ha de seguir guiando, armonizando y dulcificando mis experiencias y – en la medida de lo posible- las experiencias de otras personas con las que me corresponde relacionarme. Ello es un pacto de consciencia, profundo y antiguo, que ahora yo y muchas personas como yo, estamos recordando y validando. Es a la par un placer y una promesa bellísima que otorga un sentido renovado a nuestra experiencia de vida. Es por ello que desde este enfoque me consagro a mi propio devenir. Con atención, apertura, fascinación y delicadeza. Reconociendo y suscribiendo con toda mi implicación, esta llamada Universal de la Conciencia del Amor que ahora resuena por doquier en el mundo y con la que cualquier persona abierta y de corazón puro, podrá entrar en resonancia. Así sea, así es. Tal es la dicha que podemos sentir cuando reconocemos esto como algo propio y real.

El reconocer, extasiarse y recrearse en la belleza es un don y un privilegio del ser sensible. La belleza se expresa por doquier como una maravillosa dádiva que el Ser Universal del Amor nos hace incesantemente. La belleza, además de ser la expresión del alma realizada, es alimento inagotable que ha de seguir nutriéndonos cuan exquisito néctar esencial que mana siempre del seno de la Madre Naturaleza. Este néctar espiritual y eterno brota para nosotr@s, sus hij@s, y seguirá siempre brotando para satisfacer nuestras necesidades hasta que por nuestra propia emancipación lleguemos a ser la Belleza misma.


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