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Comentario a un vídeo de YouTube

   Vaya por delante, Emilio, mi reconocimiento y mi gratitud a tu generoso compartir tus afinadas y conscientes percepciones, con las que, con frecuencia, me he sentido gratamente acompañada. En el caso de esta respuesta, Emilio, cuando afirmamos que no es apropiado utilizar la mente para crear nuestra realidad, desde mi punto de vista, repito, desde mi punto de vista, incurrimos en una simplifación. La mente es mucho más que el aspecto inferior de la misma. Es cierto que cuando ese rango inferior de la mente es predominante, el ser humano vive encapsulado en un paradigma de interpretación subjetiva y de juicio de carácter reduccionista que nada tiene que ver con la creatividad, sino con una perpetuación inconsciente de lo que ya existe; ese es, precisamente, el acicate del sistema. En esa condición, hay una gran identificación con el relato de la mente, con toda la confusión que ello conlleva; el ego hace suyas las aparentes aspiraciones del sistema de tener, acaparar y crecer en posición y rango, para lo cual, muy lejos de dejarse fluir, las personas atrapadas en esa experiencia viven presionando la realidad, lo cual arroja un enorme dividendo de frustraciones y sufrimientos. En este estado de cosas, la energía es atraída y modelada desde fuera y el rango de experiencia es limitado por cuanto está dirigido por un mandatario externo que la mayor parte de las veces es abstracto e indefinido, pero no por eso irreal. Y lo que sucede en todo caso en esta situación es que se refuerza y perpetúa una realidad preexistente. Sin embargo, insisto, la mente es mucho más que eso. La mente es un instrumento de la consciencia. En el rango superior de la mente tenemos el cuerpo causal de donde mana el poder de la creación consciente fruto de la práctica de la atención, la contemplación, la concentración y la inteligencia, su lenguaje es el pensamiento abstracto. Mientras que el aspecto inferior de la mente interpreta y juzga, el aspecto superior de la mente es capaz de percibir sin la interferencia de la interpretación. También el pensamiento concreto, que se sitúa en un rango inferior de frecuencia en relación al pensamiento abstracto, tiene su función y se puede poner al servicio de la consciencia y de la creación consciente. ¡Claro que la mente es un instrumento de creación! En el proceso creativo intervienen y cooperan la energía mental y la energía emocional en calidad de “combustible” por decirlo de una manera coloquial. Somos seres creadores y estamos constantemente creando nuestra realidad individual y cocreando la realidad colectiva, es cierto que la mayor parte de las veces lo hacemos de forma inconsciente, pero la verdad es que en calidad de seres creadores (cread@s a imagen y semejanza de la Divinidad) es un hecho que disponemos de las herramientas físicas y sutiles, con las que intervenimos en el proceso creativo lo queramos o no, lo sepamos o no, por lo cual es importantísimo saberlo y conocer cómo funciona dicho proceso; sin ese aprendizaje consciente, nunca se podrá armonizar nuestra experiencia de vida. La cuestión entonces, es cómo realizamos este proceso de creación y con qué propósito, o lo hacemos de forma consciente y creativa, lo cual pasa ineludiblemente por un largo y exhaustivo proceso de indagación, autoobservación, autoconocimiento y aceptación, o lo seguimos haciendo de forma inconsciente y automática, renunciando a la gozosa práctica de la creatividad y dejándonos arrastrar por el discurso tendencioso y enjuiciador de la mente del sistema, que ciertamente, no busca la realización del individuo, sino su alienación; sea dicho de paso que, la mente de quienes están mayormente identificad@s con el mundo material, es hoy por hoy, un fractal de la mente del sistema. Es este un tema que da mucho de sí. A mí me parece importante hacer esta distinción para no inducir a confusión. Sin embargo, nuestra mente, en el conjunto de todos sus aspectos y funciones potenciales, es un maravilloso instrumento, un reflejo y un fractal de la Mente Universal, y se trata precisamente de conocerla a fondo sin despreciarla ni reducirla a su aspecto más rudimentario fundamentado en el juicio, la culpabilidad y la condena; aunque no se puede negar que incluso, en un determinado momento de la evolución humana, esa experiencia de la mente inferior tiene o ha tenido su función y propósito, pero que ahora, ciertamente, toca trascender.

   Un anhelo profundo de armonizar la propia vida y compartir esa experiencia con l@s demás, es absolutamente genuino, si de entrada renunciamos a nuestro propio poder, quién hará el proceso por nosotr@s. Para conseguirlo, es imprescindible conocer quién somos y cómo funcionamos. La cuestión no es no enfocarnos en un propósito concreto, de hecho, si no lo hiciéramos no construiríamos casas, no pintaríamos cuadros, no escribiríamos libros, no haríamos inventos, ni fantásticas máquinas… y un infinito etcétera; en definitiva, no podríamos mejorar nuestra realidad de vida, no habría expansión en la experiencia. La cuestión es más bien revisar cuál es nuestro propósito. Es cierto que un propósito de carácter meramente material, regido por el afán de acaparamiento, posesión y dominio, subvierte nuestras capacidades y nos puede dejar estancad@s en una experiencia vacía y carente de sentido. No niego que esto esté sucediendo, y me parece bueno mencionarlo para que más consciencias puedan despertar a ese sueño vano. Sin embargo, la cuestión no es renunciar a nuestro poder creador, sino todo lo contrario, aprender a usarlo con consciencia y pureza de propósito. Hago mi aportación desde una intención constructiva, por si puede arrojar un poco más de luz, no hay, para nada, deseo de pugna, y de hecho atreverme a compartirlo aquí, requiere por mi parte un acto de coraje. Un fraternal abrazo.

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