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SOBERANÍA Y PROTECCIÓN

   El ser infantil es completamente vulnerable porque no tiene escudos ni mecanismos de protección en ninguno de sus cuerpos inferiores. Por esa razón llegamos a la encarnación física completamente expuest@s a cualquier incidencia de cualquier índole, siendo responsabilidad de nuestros progenitores la protección de ese ser tierno e indefenso que somos, en efecto, a ellos les corresponde establecer esa protección que aún no tenemos en la infancia. Cuando esa protección no se establece y nuestro ser infantil sufre experiencias de abuso y sometimiento, en nuestro mental queda una impronta energética de disminución que provoca, a su vez, un daño en el cuerpo emocional, algo así como una fisura astral que las fuerzas depredadoras regresivas aprovechan para implantar la simiente de un egrégor de miedo de efectos paralizantes, que no sólo se alimentará y crecerá cada vez que el ser infantil sufra otro abuso, sino que empezará a emitir un campo electromagnético que atraerá más experiencias de este tipo. Es el grado de consciencia del alma encarnada, y su compromiso consciente y voluntario con su propia evolución, lo que determinará la capacidad individual del ser adulto para asumir la responsabilidad de su ser infantil, interesarse por la naturaleza de la realidad para llegar a comprenderla, revertir la inercia destructiva de la personalidad y reestablecer la integridad de sus cuerpos. Para desmantelar la inercia paralizante y destructiva de ese egrégor de miedo que parasitó nuestro cuerpo astral y que atrae a nuestra vida situaciones de abuso y personas que lo protagonizan, se requiere que, en lugar de rehuir a esas personas y a esas situaciones y no querer enfrentarlas, nos enfrentemos de forma consciente y voluntaria a ellas, para lo cual hay que predisponerse a sostener la intensidad de la emoción de miedo que se produce frente a las mismas. Cuando empezamos a hacer eso y perseveramos en esa actitud, el egrégor se empieza a debilitar, hasta que desaparece completamente. Se podría afirmar que lo que sucede en esta experiencia es que, desde nuestro ser adulto, nos responsabilizamos de nuestro ser infantil, le permitimos expresarse, lo sostenemos y lo rescatamos de la indefensión en la que vivió. Después de eso, el ser adulto que somos, se ha empoderado y puede establecer sus propios mecanismos conscientes de protección, lo cual implica empezar a decidir de forma soberana, qué tipo de relaciones establece, con quién se quiere relacionar y con quién no, qué experiencias elije vivir y la calidad de esas experiencias.

   La soberanía es de todo aquel ser que se rige por la Ley Natural, fundamentada en el Amor y el Respeto, cuyos preceptos se resumen en uno que los incluye todos: No robarás. Ser soberana implica, no sólo, el firme compromiso del cumplimiento de ese precepto, sino también la conexión voluntaria y consciente con la Fuente, cuya Cualidad Esencial es el Amor, sin esa conexión, no se puede expresar la soberanía, porque en ese estado de cosas, el ser humano permanece sometido a otro tipo de fuerzas intermedias controladoras, de carácter depredador, usurpadoras del poder ajeno. Para alcanzar la soberanía es preciso aspirar a ella, lo cual implica sí o sí, el previo e íntimo reconocimiento de la Naturaleza Esencial del Ser que somos, y después de eso, establecer de forma consciente y voluntaria una comunicación viva y sostenida con esa parte Esencial a la que podemos llamar Divinidad Interior. Una vez esto está establecido en la consciencia del ser humano que somos, nuestro avatar y todo nuestro sistema queda bajo la Jurisdicción y Protección Original que proviene de la Fuente y deja de estar sometido a las leyes distorsionadas de los hombres, sin que éstas puedan afectarnos ni someternos. El ser humano encarna en este plano físico de experiencia con el propósito de expandir la propia consciencia y contribuir así a la expansión de la Consciencia Suprema. Para ello se nos ha dotado de inteligencia y de capacidad cognitiva, pero para ejercitar nuestros dones precisamos del acto voluntario de mirar para ver. Puedo atestiguar por experiencia propia, además de que lo puedo visualizar claramente con la mente abstracta, que, una vez establecida y sostenida esa conexión consciente con nuestro Ser Real, cuando ya se ha despertado en nosotros el anhelo de conocer la naturaleza de la realidad, cuando a golpe de experiencia conseguimos afinar la percepción y ordenar a nivel cognitivo los hechos, sucesos y detalles de la realidad interna e individual así como de la realidad externa y colectiva, de tal forma que cada pieza encuentra y encaja en su lugar, se abre de forma natural un canal límpido de conexión que pone a vibrar nuestros cuerpos en sintonía con el Propósito de la Fuente, lo cual establece a su vez, también de forma natural, pantallas de protección espacio-temporales que preservan nuestro ser y al avatar que lo alberga, de cualquier intrusión, ataque o intento de depredación.

   A continuación, ofrezco un poderoso y conciso decreto de protección:

   No consiento ningún tipo de usurpación, depredación, dominio, sometimiento o violación de mi ser ni de ninguna parte de mi ser, ni que nadie sin conexión espiritual penetre en mis esferas, en ninguna de ellas, ni que interfiera en mis procesos o en mis decisiones, pretendiendo arrebatarme mi soberanía, ni nada que por derecho me pertenezca. Refuerzo de forma voluntaria y consciente, la protección que me otorga de forma natural y por derecho, mi conexión con la Fuente, Origen de la Divinidad que Soy.

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